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LA GUITARRA PLATÓNICA

Memorias musicales de los años 60

 

Bájate un corte

 


Si hay escritores que pintan, que salen en películas, que tienen incluso su programa de televisión ¿por qué no pueden también tocar la guitarra?

Desde los 13 años, cuando descubrí a los Beatles y demás grupos de lo que entonces se llamaba el "Liverpool sound", la guitarra forma parte de mi vida. Antes de plantearme cualquier otra vocación, deseaba con todas mis fuerzas ser guitarrista de rock. En 1965, al igual que tantos otros jóvenes de mi generación, me uní con Miguel y José, dos compañeros de clase, para "hacer un conjunto". ¡Éramos Los Cárabos! Aunque no llegamos a ningún lado, desde aquel momento la música se convirtió en un referente vital de primer orden. Antes de publicar artículos en la prensa o plantearme ser periodista o escritor, ya escribía canciones con mi amigo Federico.

 

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                                                              Representación de la Guitarra Platónica en Mallorca (agosto de 2001)

En la primavera del 2000, y en una de esas tardes tontas en que el mundo se te viene un poco abajo, me fui a ver guitarras. Plantado delante del escaparate, comprendí de repente que aquella costumbre - que conservo desde los 13 años - tenía una gran importancia. Era el recurso a la guitarra ideal, perfecta, soñada. La guitarra platónica que representa aquel universo suspendido desde la adolescencia, y que todavía me acompaña. La música, la libertad, la juventud. Un sustrato de estabilidad en ti mismo. La ilusión sin edad ni tiempo.

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                                                            Los Cárabos en sus buenos tiempos (1966)

A partir de ese momento, comencé a organizar mis recuerdos relacionados con la música. Me sorprendió la cantidad de episodios casi olvidados. Después de Los Cárabos (1965), las canciones protesta con Miguel (1966), la época frenética de 1968-69 en que junto a Federico llegamos a las 110 canciones, mi experiencia con el Teatro Universitario de Cámara (1970), las composiciones en solitario durante muchos años, el disco de Mallorcatur en 1988, las actuaciones y "bolos" con la Banda Miranda en 1990, el reencuentro con Federico en 1992 y la grabación de las "Canciones del 68". 

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                                                           Tocando "Multero Blues" con la Banda Miranda el día de  nuestra presentación (mayo de 1990)

 

De la evocación de aquellas experiencias, se desprendía una visión más amplia. Generacional, desenfadada, comprometida no tanto con temas políticos sino más bien con actitudes: el pelo largo, la forma de vestir, el rechazo a tomarte demasiado en serio...

Y me hizo ilusión, después de tantos años, darle forma. Convertir todo aquello en monólogo-musical. Al fin y al cabo, es mucho más divertido que una conferencia o una presentación. Aunque sudas bastante.

Así nació el concepto de "La Guitarra Platónica", que voy representando ocasionalmente. Añadiendo nuevos elementos, perfilando otros. Y que probablemente termine también en forma de libro.

          

                                                              Con Federico en L'Havanna, Palma (diciembre de 1992)

"La Guitarra Platónica" me permite recuperar el gusto por las cosas inmediatas: un grupo de gente, una historia y una guitarra. Ya está. No tiene ninguna ambición: ni grandes éxitos, ni discos, ni llenazos de público, ni equipos de alta potencia. Es la comunicación en su faceta más pura. Algo que tantas veces echas de menos cuando estás al otro lado de la pluma, y no puedes ver a tus lectores reír, emocionarse o simplemente bostezar.

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Es también un homenaje personal a la figura y la obra de Ray Davies, el compositor y cantante de The Kinks. Sus canciones me han acompañado en los momentos más importantes de mi vida. Me han hecho incluso cambiar. Y creo que no hubiera concebido la idea de "La Guitarra Platónica" si no llego a verle actuar en el espectáculo del "Storyteller".

En suma, no pretendo trasuntarme en cantante ni músico virtuoso. Sigo siendo un escritor que cuenta una historia. Sólo que utilizando una guitarra.  Y como el rock and roll también equivale a amistad, a partir de noviembre del 2002 tengo la suerte de contar con la colaboración del guitarrista Josep Antoni Brotons en mis actuaciones. Además, y gracias a los milagros tecnológicos del Power Point, he podido incorporar al espectáculo la proyección de fotos "de época". Una verdadera crónica generacional. La guitarra platónica ahora es cosa de dos.

                

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Con mi primera guitarra eléctrica, una Egmond muy poco platónica, en 1965

                                                    

                                                                             

 

                                                             

                                                             Cartel histórico de Los Cárabos (1965) 

 

 

                                                                   

                                                              Actuación en Santa Maria, agosto del 2002.

 

 

                                                               

                                                               Con Josep Antoni Brotons en la sala Palmanova (noviembre 2002). Al fondo, la proyección.