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                                  "TE LO CONTARÉ EN UN VIAJE"

                                                          (Editorial Crítica. Colección Ares y Mares. Marzo de 2002)

                            

                                       El Banco de Hemingway (Artà, Mallorca), en agosto de 1998

 

 

Algunos libros te sobrepasan. Van mucho más allá de la relación escritor-obra escrita. "Te lo contaré en un viaje" supone para mí algo tan inabarcable, que soy incapaz de hablar de él como de "mi obra". Tiene la enormidad de lo ajeno. En cierto modo, soy el primer sorprendido.

Este libro cuenta la historia de mi hija  Alba. A los 21 años, le detectaron un tumor cerebral, y durante casi dos años estuvo luchando no sólo contra la enfermedad, sino sobre todo contra el sentirse enferma. Resistiendo por no perder su personalidad, sus amigas, su intimidad, el recurso a la ternura y a la risa. Enfrentándose a veces a los propios médicos y a los otros enfermos.

Alba murió antes de poder cumplir los 23 años. Pero ganó.

Es algo difícil de explicar. Mi relación con ella era hasta entonces la normal de un padre con una hija. Sin embargo, cuando la situación se tornó tan excepcional, los dos luchamos codo con codo. Nos apoyamos el uno en el otro. Viví su enfermedad intensamente. El hecho de ser escritor, y trabajar habitualmente con mis propios sentimientos y recuerdos, me permitió trazar nuestra historia de una forma profunda.

Además, el hecho de que Alba y yo viviéramos juntos creó una intimidad por la cual desfilaban los acontecimientos, los sueños y presentimientos, la relación con los demás. Después de su primera operación, Alba me dijo: "Quiero escribir un libro sobre mi experiencia. Para que les sirva a otros jóvenes que puedan encontrarse con lo mismo".

Yo sabía que no podría, pero empecé a tomar notas. Pocos meses antes de morir, ella tenía incluso el título: "Te lo contaré en un viaje". Pero apenas escribió unas líneas.  Cinco meses después de su muerte, comencé a escribirlo. Y el texto, tan lleno de ella, se iba llenando por sí mismo. Adquiriendo una hondura y significación inesperadas incluso para mí.

 

                                                                 

                            

 

   Uno de los personajes del libro es Nela. Aquí aparece

    el día  después de ser rescatada por Alba del refugio (1997)

 

"Te lo contaré en un viaje" es un libro irrepetible. No sólo por la referencia personal a Alba, sino porque cuenta la historia de un padre y una hija, sin más protagonistas. Es un viaje hasta el extremo final de la vida, el límite. Plantea cosas tan grandes que nos afectan a todos. Pero, al mismo tiempo, he intentado seguir la propia personalidad de Alba: tierna, divertida, sin pretensiones. Por eso puedo hablar o escribir sobre él como si no fuera el autor. Aunque  yo lo construí, resulta tan suyo como mío.

No es un libro oscuro ni pesimista. Está lleno de esa alegría piolinda que tenía Alba. Porque la historia plantea una cuestión trascendental: incluso en las experiencias más dramáticas hay un rescoldo de humanidad y amor que, al final, resulta más importante que el sufrimiento. No sé razonarlo. Pero ahí está nuestro testimonio. El recuerdo alegre y encendido de Alba. El libro.

Empecé la escritura de "Te lo contaré en un viaje" en Mallorca el mes de julio de 1999. Previamente, llevé a cabo una intensa labor de documentación; recogiendo anotaciones, datos, fechas. Quizás fue el momento más doloroso del libro.

El primer capítulo resultó difícil, porque no estaba seguro de conseguir una obra con valor por sí misma, que no fuera un mero recordatorio o una historia familiar. Plantarme delante de la pantalla del ordenador me inspiraba un miedo absoluto. Estuve varios días ensayando diferentes comienzos, hasta que el libro empezó a caminar por sí mismo.

Durante el verano y el otoño de aquel 1999 acabé los tres primeros capítulos. Luego lo dejé durante varios meses, para olvidarlo y volver a él con una mirada distinta. En junio del 2000 reemprendí la escritura. el cuarto capítulo lo escribí en Ibiza, y el quinto en Barcelona. Después de otro breve período para dejarlo "respirar", lo terminé en mi casa de Mallorca en julio de aquel mismo año.

              

Quiero mostrar mi agradecimiento desde aquí a todos los amigos/as que tuvieron la gentileza de leerse los manuscritos y aportarme sus opiniones. En un tema tan complejo para mí, aquellas sugerencias me fueron de gran ayuda.  Todavía pasó un tiempo hasta que firmé el contrato de publicación con la editorial Crítica. Y la última corrección del texto la hice en agosto de 2001. Apenas pude cambiar nada. El libro aparecía ante mí como una especie de mundo cerrado, completo. Un pedazo de vida en muchos aspectos más real que la propia cotidianeidad que estaba viviendo.

Este es nuestro libro. Ojalá pueda servir a otras personas.

 

                                                     

                                                       Alba fotografiada por Maaike en 1995

                            

                                SOBRE "TE LO CONTARÉ EN UN VIAJE"

                                                                                       

 

 

 

El libro de Alba

Varias personas me han dicho lo mismo. "Quizás le suene extraño. No sé como expresarlo. He leído su libro. Y le envidio". Nunca sé qué contestar. Entiendo lo que quieren transmitirme. ¿Pero cómo puede alguien envidiar al autor de un libro sobre la muerte de su hija?

Publicar "Te lo contaré en un viaje" cambió mi vida. Cuando terminé el manuscrito, tenía la impresión de haber relatado una parte de nuestra historia.  Pero, la verdad, creía que no interesaría a nadie. Me escuchaba a mí mismo como comprador: "¡Un drama! para tragedias ya tengo las mías". 

Sin embargo,  el libro ha variado por completo mis esquemas. La respuesta de los lectores ha sido de tal intensidad que dio un vuelco a mi propia percepción de la obra. Comprendí, asombrado, que la gente entendía perfectamente algo que a mí se me había escapado: no es mi libro. Es el libro de Alba.

¿Cómo puedo explicar que fuera ella quien escogiera el título perfecto, definitivo, para el libro que yo escribiría un año después y que yo, sin embargo, no me diera cuenta en aquel momento? Porque me pareció un título demasiado etéreo. Y de hecho, sólo comprendí la evidencia cuando llevaba escrita la mitad de la obra. "¡Es el título!", me dije casi con sobresalto. Sin embargo, ella lo sabía desde el principio.

Cuando se publicó el libro, empecé a recibir muchos correos electrónicos. Fue como si cada vez dejase un poco más de ser el autor para convertirme en un lector. Privilegiado, pero lector al fin.

Descubrí varias cosas. En primer lugar, existen muchos casos parecidos. Personas que ante una enfermedad irreversible optan por dar a los demás, por aligerarlos del enorme peso que cae sobre ellos. Entregan amor y alegría incluso siendo ellos los enfermos. Incluso a las puertas de la muerte. He conocido historias tan parecidas a la de Alba... Y también entre gente joven.

Quizás por ello, es Alba quien llena el libro con su presencia. Más que una crítica elogiosa, muchísimo más que un premio de la Crítica, la culminación consistió en varias cartas de amor dirigidas a ella. "Alba, no podré seguir viviendo sin acordarme de ti".

Su afecto, sus ganas de vivir, se habían transmitido a gente que no la conoció personalmente. Hasta el punto de dar la vuelta a lo ocurrido, como uno de esos giros que hacen los aviones a reacción. Y devolver la vida a la vida, el cariño al cariño. Sin que importe tanto la presencia física. Como si esta segunda dimensión de la vida fuera ahora tan real como la primera.

Quizás, el ejemplo de Alba y el de tanta gente parecida consista en demostrar que la enfermedad puede convertirse en un factor acelerador de conciencia, de completitud. La gran injusticia de nuestra cultura actual es considerarla un fracaso, un añadido "terminal". Pero no es cierto. A través de ella puede llegarse hasta el mismo extremo de la vida, dando todo de sí mismo. Y recibiéndolo.

Este creo que es el sentido de esa envidia existencial. Algunos lectores han experimentado a través de la lectura una parte del gran viaje de Alba. Han intuido que a pesar del padecimiento y la angustia, la gran meta de llegar al final siendo uno mismo supone algo muy grande. Definitivo. Lo mismo que el amor extremo, que surge siempre en las circunstancias más difíciles.

También me equivoqué creyendo que nuestro relato sería leído como un drama. Ese ánimo luchador y alegre de Alba parece contagioso. "He llorado mucho, pero al acabar me he sentido llena de fuerza", me escriben. Mucha gente me da las gracias. No sé qué decirles. Es cosa de Alba. Sólo he intentado contar su historia.

En cierto modo, ha logrado escribir "su" libro. Se ha convertido en protagonista, en un personaje positivo. Es como si me sonriera satisfecha. Me emociona y hace que me sienta orgulloso de ella.

A veces parece como si el destino escribiera sus mensajes empezando por la última página.

 

Carlos Garrido

                                       *                     *                      *


ELPAIS.ES. Sábado 23 de marzo de 2002
  cultura

Retrato de un amigo

Juan Cruz

 

Hay libros que te llegan en la oscuridad y te llevan a la luz. Y a veces no son libros; son trozos de papel, poemas, un capítulo prescindible de la historia del arte, una frase perdida, como una palabra dentro de una botella, los que refulgen en medio del ruido en que se convierte la vida. Ahora han llegado a la estantería algunos de estos fogonazos. Decía Fernando Savater que los libros te esperan, que hay un tiempo para ellos y no todos los tiempos valen para todos los libros. Leer no es sólo una voluntad, es también un azar; en medio de la coincidencia se producen muchas veces los descubrimientos verdaderos.

Uno de esos fogonazos que hay ahora a mano es un documento conmovedor de un escritor barcelonés, Carlos Garrido, que cuenta en Te lo contaré en un viaje (Aires y Mares, colección de la editorial Crítica) la historia de la enfermedad y la muerte, en plena juventud, de su hija Alba. Garrido es un excelente escritor que se ha pasado años mirando; silencioso y escéptico, ha sido músico, ha guiado viajes literarios -sobre todo por Baleares, donde vivió mucho tiempo- y forma parte de una generación, la de los que ya tienen 50 años, que vive con perplejidad la súbita irrupción del desencanto que adivinó Gil de Biedma en aquel verso infinito: que la vida iba en serio. Y él se dio cuenta de que ese verso era también su autobiografía cuando la implacable pulsión de los médicos diagnosticó el imposible futuro de su hija Alba; antes y después de esa noticia, que sólo puede relatar quien de veras la sufrió -y él así lo cuenta-, sobre Carlos Garrido -y sobre su hija y sobre la familia- cayeron en cascada premoniciones y agüeros, la vida se hizo más seria y también más profunda, y la respuesta de Alba asombró por su fuerza en un tiempo terrible en el que ella alimentaba la única esperanza. Es un libro estremecedor, que irrumpe como un puñetazo de congoja y hace volver la vista a los valores verdaderos de los hombres, aquellos que uno deja atrás creyendo que la vida está en otra parte o aun mucho más adelante. Y la vida va en serio.

Y la otra luz que surge entre los libros que han aparecido estos días es un hermoso texto, cinco folios acaso, en los que Natalia Ginzburg -la exiliada en su tierra, Italia- hace El retrato de un amigo y que figura en una obra recopilatoria (Las pequeñas virtudes, traducción de Celia Filipetto, en El Acantilado). La lejana y sobria figura de Cesare Pavese refulge en ese breve retrato de un hombre que desde el silencio inteligente domina en los demás la exigencia autocrítica a la que obliga la amistad. 'En su compañía nos volvíamos mucho más inteligentes, nos sentíamos inclinados a poner en nuestras palabras lo mejor y lo más serio que llevábamos dentro, descartábamos los lugares comunes, los pensamientos imprecisos, las incoherencias'.

Todos hemos tenido o hemos ansiado amigos así, maestros con cuya presencia a veces lejana hemos contado para saber más de la distancia que media entre lo que sabemos y lo que se debe saber. La amistad es mucho más que un sentimiento, es una actitud y es también una esperanza; es acaso lo más hondo que queda al final del ruido, y es el silencio en el que se construye -así viene a decir Natalia Ginzburg- el que queda luego cuando el amigo -en este caso, el poeta que describe- ya abandona definitivamente la vida. No es un texto desolador, no lo es; se lee con la certeza de saber que hay mucha gente como Pavese, y como Ginzburg. Y como Carlos Garrido.


 

Diario de Mallorca. 5 de abril 2002

Un libro para sentir

José Luis de Juan

Hay muy pocas personas que hayan sabido extraer del sufrimiento por la pérdida de un ser querido sentimientos y emociones positivas para el porvenir. Carlos Garrido es una de esas personas. En su libro Te lo contaré en un viaje, relata su descenso a los infiernos, un descenso que paradójicamente no culmina en tinieblas sino en la luminosidad de la ausencia convertida en amor. En el verano de 1997, la vida del escritor y periodista nacido en Barcelona en 1950 sufre un vuelco terrible cuando a su hija Alba, de veinte años, se le diagnostica un tumor maligno en el cerebro. Ya no le será posible regresar a lo que era y pensaba antes de asumir el enorme obstáculo fibroso que el destino alzaba frente a él. Al contrario, su papel de padre revestirá desde entonces una significación especial. Luchará a brazo partido para que la vida de Alba no se resuma en el abismo de una enfermedad asesina. Para que ella mantenga la voluntad de vivir, para que no pierda la esperanza, para que se enfrente a su vida breve con la plenitud y el saber de una mujer madura que todo lo ha conocido, incluso lo que jamás podrá llevar a cabo en el tiempo y en el espacio de eso que llamamos realidad.

Carlos Garrido nos cuenta el viaje de un padre y una hija que, por un lado, encierra todos los viajes que hayamos podido hacer con nuestros hijos y en los cuales íbamos a revelar algo sobre nosotros y ellos que al final, sin saber muy bien por qué, no llegamos a decir; y por otro, resulta a la vez un viaje fabuloso, mítico. La hija es la protagonista, y el padre el narrador que la acompaña hasta el momento en que deben separarse. Podemos imaginar el enorme esfuerzo que ha supuesto para su autor escribir este libro. Pero sólo los libros escritos con sangre, sudor y lágrimas merecen la pena. Sólo esos libros calan hondo en el lector, sólo ellos le hacen crecer emocionalmente. Te lo contaré en un viaje es un testimonio desgarrador en el que cabe la "canica saltarina de la risa", la admiración, el entusiasmo, la sorpresa, la música, el rostro entrañable de aquel Piolindo de los dibujos animados. Es un libro que no dobla la cerviz ante la muerte, más bien la contempla como se observa a media altura el vuelo inaudible de una mariposa una rutilante mañana de primavera.

Pero para llegar a ese punto el padre y la hija cambiaron mucho, transformando su relación en increíblemente estrecha y única. Hasta el extremo que el libro que hubiera querido escribir su hija lo acabó escribiendo él para hablarnos de aquellos momentos inasibles, de comunicaciones mágicas, de sueños con niñas y mariposas, de presentimientos que aciertan más que la razón. Y sobre todo, de la potencia balsámica del amor. Ni las operaciones, ni los médicos, ni los curanderos, ni los monjes budistas ni los desesperados gestos de superstición pudieron evitar que Alba abandonase nuestro mundo. Ahora bien, ¡qué vestigios extraordinarios de ella nos ofrece este libro! Vestigios de fortaleza, sencillez y armonía, pues así son los rasgos del estilo gracias al cual su padre ha podido recrear una lucha en la frontera entre el amor y la muerte. Cuando Garrido nos dice que el amor que no se exterioriza se pierde en el vacío, está poniendo el dedo en la llaga de las relaciones entre los padres y los hijos. Por eso se detiene en detalles en apariencia insignificantes, como las miradas, los olores, los roces, el aire, el color de los sueños que se comparten.

El sufrimiento provocado por esa enfermedad, el cáncer, suele trastocar la relación con los demás. A Alba le enseñó “a salir de sí misma”, y lo mismo hizo con el autor de este libro que a todos nos concierne. Ya era hora de que alguien rompiese el hermetismo que rodea la muerte de un hijo con un testimonio cuya vocación es universal en lugar de privada. Quebrando la cáscara amarga del dolor con una piedra de apego a la existencia, Carlos Garrido nos ha hecho un pequeño gran regalo. Te lo contaré en un viaje nos transporta a un mundo donde la ternura y la comprensión, la piedad activa, derriba las ilusorias murallas de la soledad que nosotros mismos tejemos para protegernos ¿de qué? Ahora, el viaje consiste en leer este libro y luego contarnos a nosotros mismos la intensidad que nos ha hecho sentir.  

 

LA VANGUARDIA. 11/04/2002

 LA CONTRA

CARLOS GARRIDO, ESCRITOR, EXPLICA EN UN LIBRO LA MUERTE DE SU HIJA


"El amor sin expresar no sirve para nada"



Carlos Garrido

foto: Patricio Simón

 
 
La Vanguardia Digital
IMA SANCHÍS

-Desde el verano de 1997 hasta marzo de 1999 viví la enfermedad y muerte de mi hija Alba. Y no sólo fue una terrible experiencia, sino también un revulsivo a mi forma de entender la vida.

-¿En qué ha cambiado?

-En medio de los acontecimientos veía surgir preguntas y evidencias inesperadas y también una especie de poesía profunda que aunaba de forma incomprensible el dolor y la plenitud de la existencia. Tomé conciencia de cuestiones tan importantes que me parecía increíble no haberlas conocido antes.

-A Alba le diagnosticaron un tumor cerebral a los 21 años.

-Sí, Alba era como cualquier chica de su edad. Era vital y estaba en la flor de la vida. La enfermedad la llevó hasta la muerte, pero nosotros ganamos.

-¿Qué quiere decir?

-Que llegó hasta el final siendo ella misma. Sus ganas de vivir no se volvieron en su contra, con ellas atravesó el túnel. He aprendido muchísimas cosas de Alba, su inteligencia emocional estaba mucho más desarrollada que la mía y algunos de sus comportamientos los entendí tiempo después.

-¿Por ejemplo?

-Cuando empezó a estar enferma se emperró en comprar un perro. Alba y yo vivíamos solos en un apartamento y me parecía que la situación ya era bastante complicada como para sumarle un cachorro. Pero le prometí que después de la operación se lo compraría. Entonces Alba, instalada en la clínica, y rodeada de revistas de animales, le contaba a todos (médicos, enfermeras...) cómo sería su perro.

-¿Hablar de su futuro perro le ayudaba a crear vínculos emocionales?

-Sí, era increíble: las relaciones con los otros se hacían más fáciles. Cuando se quedó calva por la radioterapia, se pasaba horas peinando su peluca y de nuevo yo no podía entender cómo en una situación tan grave podía estar tan pendiente de su aspecto.

-¿Acabó entendiéndolo?

-Necesitaba sentirse atractiva, nunca se quejaba delante de sus amigas y lo justo delante de los médicos. Supo canalizar toda su energía positiva y crear vínculos con los que la rodeaban. En ningún momento dejó de preocuparse por los demás. Llegó hasta el final siendo ella misma.

-¿Por eso dice que han ganado?

-Sí, me siento muy orgulloso de ella, tengo la sensación de que hemos sacado la matrícula de honor en la asignatura de la vida. Alba ha dejado una especie de comunidad emocional (médicos, enfermeras, pacientes...) que de vez en cuando nos vemos y la recordamos con una sonrisa. Pienso que nuestra forma de calcular la vida está equivocada.

-¿A qué se refiere?

-Que no deberíamos tener en cuenta la cantidad de vida, sino la calidad de vida. No forzosamente una vida que acaba con 22 años es una vida malograda. Hay personas de 90 años que jamás han dado nada y que lo único que han hecho es daño a los otros, ésa sí es una vida desperdiciada. En cambio Alba en su corta vida dejó una estela enorme y no dejó tras de sí un dolor trágico, sino una atmósfera de paz, de calma y de cariño.

-¿Habló de la muerte con ella?

-Un día hablamos del destino. Alba encendió un cigarrillo y me preguntó: ¿por qué me pasa esto? "Tal vez tu destino sea ser el punto de referencia de los que te rodean, aunque puedes escoger serlo o no serlo." No hablamos más del tema, pero escogió seguir ese destino y a mí me tocó acompañarla hasta su estrella, y eso es lo más importante que he hecho en mi vida.

-¿Y qué ha descubierto en ese camino?

-Que realmente no nos conocemos. Cuando Alba ya no podía levantarse de la cama había momentos en los que hacíamos broma y reíamos de verdad... ¡Éramos muy felices! Y luego pensaba: ¿cómo es posible en estas circunstancias...? Pues es posible porque tienes otra percepción de las cosas. Cuando abres de verdad tus sentidos, cuando cambias el miedo por entrega, todo se transforma. He aprendido una gran lección: la importancia de manifestar el amor. El amor sin expresar no sirve para nada.

-¿Se abren mundos nuevos?

-Por primera vez pude rozar una imprecisa realidad del alma, un complejo de emociones, sueños, presentimientos. Hoy sé que es posible caminar con la vida en contra, asumir las condiciones más duras y no perder el sentido de uno mismo. Entonces, la vida y la muerte se convierten en otra cosa. Parece como si no fuera lo más importante.

-Cuénteme uno de esos sueños.

-Le contaré uno de Alba: "He soñado que todo estaba lleno de mariposas. Eran tan bonitas... De todos los colores y volaban. Hacían que me sintiera muy bien. Luego venía una niña. Una niña morena. Era muy guapa, y no decía nada, sólo me miraba. Venía con las mariposas y me esperaba".

-¿Qué sintió usted?

-Una bocanada extraña de alegría, porque aunque sabía que era un sueño de muerte, en algún sitio una niña rodeada de mariposas la esperaba. Supe por casualidad que la palabra griega "psyché" (alma) significa también mariposa y que solían imaginar el alma como una mariposa que escapa del cuerpo después de la muerte. Yo le compré a Alba un móvil de mariposas y lo colgué sobre su cama.

-¿Intentó prepararla para la muerte?

-Sí, visité diversos gurús y grupos de duelo que me dieron una clave importante: "No la retenga, deje que se vaya". Intenté acompañarla y rodearla de cosas hermosas. Alba siempre tendrá 22 años.

Foro de la Vanguardia


¿Ha vivido una experiencia similar a la de Carlos Garrido? ¿Qué ha aprendido?


María. Madrid.
Me ha encantado. Pienso que todos deberíamos reflexionar sobre la manera que estamos llevando nuestra vida, porque muchas veces nos dejamos llevar por ella, sin implicarnos demasiado, nos dejamos llevar, pero no nos mojamos, no decimos lo que sentimos a las personas por miedo.

 ¿Miedo, miedo a qué? No tenemos que tener miedo a nada y debemos expresar nuestros sentimientos a las personas que queremos, y se lo tenemos que decir hoy, porque mañana puede ser tarde.
25/04/2002 a las 13.40 horas

 Rafael. Manresa
A mi también se me murió una hija con 15 años. Casualidades de la vida: se llamaba Alba, y también murió de cáncer. También se escribió un libro sobre ella. El libro lleva su nombre "Alba", lo escribió un amigo nuestro, Enric Larreula. Otro amigo, pintor, le dedicó un cuadro en que se ve una mariposa. Me he sentido del todo identificado con lo que dice Carlos. Buscaré su libro, seguro que me ayudará su lectura. 

El vacío que deja la muerte de un hijo cuando aun está construyendo su vida es algo que no se puede explicar con palabras. Las palabras en estas situaciones son como analgésicos que te ayudan a sobrellevar el dolor.
18/04/2002 a las 17.03 horas

 Heraclio. Barcelona
Una de las entrevistas de mayor sensibilidad que he leído. Cuando tienes el alma hecha pedazos porque una hija en la flor de la vida se te va, de esas cenizas surge algo nuevo, algo que quizás cuesta describir y experimentar a los que no hemos sufrido una experiencia similar. Surge una alma más fuerte y lúcida, que ve la vida y la muerte de otra forma, que sabe mirarlas de frente de una forma que el resto de mortales no sabemos. El ejemplo de su hija, que murió siendo ella misma, vital hasta el último momento, es precioso.
11/04/2002 a las 19.05 horas

Habanera. Barcelona
Completamente de acuerdo, hay que expresar lo que se siente a los seres queridos, aunque las palabras reconfortan y dan vida, creo que los actos mas, pero no se puede vivir una vida sin decirles 1000 veces, aquí estoy y te quiero.
11/04/2002 a las 16.23 horas


                         

 Presentación de "Te lo contaré en un viaje" en el Centro Pelaires de Palma (19 de abril del 2002)

 

Algunos mensajes recibidos

 

Hola Carlos

Gracias a Alba y a ti por regalarnos este viaje de luz y esperanza.

Besos. Nerea

                 *       *       *

Estimado Carlos:
Me llamo Salvador. Soy un lector apasionado y un escritor
vocacional (hasta la fecha, he publicado 12 libros -tres novelas, ocho
de psicopedagogía divulgativa y un volumen de relatos-. Me dirijo a ti
para expresarte mi admiración y agradecimiento. Ha sido un privilegio
gozar de la terrible y, a la vez, maravillosa experiencia vivida junto
a tu hija. Has leído bien, Carlos. He escrito 'gozar'. No se trata de
un error. He sentido un placer sublime leyendo el emotivo libro. El
placer del lector que lee un texto que lo revitaliza por dentro, que
ensancha su horizonte mental y espiritual. Hablaré de Alba a amigos y
familiares, Carlos. Te lo prometo. Si morir es perderse en el olvido,
tu hija no morirá para este humilde lector. Alba siempre tendrá 22
años. Gracias por regalarme tu iluminadora experiencia. Hasta siempre.
Un abrazo. De todo corazón.

                        *       *       *

Apreciado Sr. Garrido:

Leer su libro sobre Alba ha sido recorrer las páginas como si se
deshojaran los pétalos de una gran flor. Una profunda tristeza me ha
obligado a ser lento en mi lectura, aplazándola incluso de un día al
siguiente para madurarla, para frenar de algún modo el tiempo que se
escapa, sintiendo un nudo en la garganta al coger de nuevo el libro,
intentando retrasar un desenlace tan evidente como no deseado.
Finalmente, tras la caída del último pétalo descubres que la flor
esconde una mariposa que emprende el vuelo, libre de su flor, en busca
de nuevos jardines. Y comprendes que todo, hasta el final, puede ser
bello.

Busqué el libro desde que fue comentado en prensa. Por fin apareció: “Lo
acabo de leer. Es un libro que te cambia la vida”, me dijo la librera.

Tiene razón; Alba nos acompañará desde ahora con sus 22 años. En cada
lector encontrará un nuevo jardín donde dejar su rastro.

Hasta siempre.

Luis 

                    *      *        *


Hola Carlos: sólo decirte que este fin de semana lo he dedicado a Alba y a ti, me habéis enamorado. Te felicito por este maravilloso libro, fruto del amor. De verdad que seguro que Alba está muy orgullosa. He llorado con el libro, me emocionaba ver a Alba luchar por su vida y siempre aguantar la compostura. Es cierto lo que dices, no importa los años que vivas si los vives con la fuerza con que lo hizo Alba. 

Isa

                                                    *               *                   *

¡Simplemente gracias! ¡Tengo dos hijas y gracias a Alba y a ti las quiero todavía más!

Jorge

                                                    *                *                   *

 Por mi profesión he tenido contacto con la muerte física y con la muerte psíquica infinidad de veces. No entiendo el proceso de la muerte, mejor dicho no lo entendía, ya que después de leerte y sin saber muy bien por qué el misterio de la muerte se ha transformado para mí en "sensación de vida". ¡Tu hija Alba! Con una vida tan llena como ha tenido, enseñando a todos los que la rodeaban incluso a su propio padre el valor y la decisión por la vida, ha sido capaz de transmitir incluso a mí que no tuve la suerte de conocerla el sentido de la vida. Tú con tu libro, como vehículo de su filosofía, has sido capaz de abrir las puertas de la esperanza a miles de personas que en una situación parecida no encuentran salida a su desesperación. Te felicito por tu capacidad de transmitir tantas cosas bellas.

A.

 

Dibujos

Coincidiendo con la presentación de "Te lo contaré en un viaje" en Madrid, los alumnos de 2º A del Instituto Príncipe Felipe utilizaron un fragmento del relato del sueño de las mariposas de Alba como tema para un examen de Dibujo. El resultado fue sorprendente, por cuanto todos los dibujos habían captado perfectamente el sentido de la narración, incluso sin conocer el tema del libro. Estas son algunas muestras.

                          

                           Nuria Sánchez

 

                          

                           Clara Varela

 

                   

                    J.M. Marfil