El
libro de Alba
Varias personas me han
dicho lo mismo. "Quizás le suene extraño. No sé
como expresarlo. He leído su libro. Y le envidio".
Nunca sé qué contestar. Entiendo lo que quieren
transmitirme. ¿Pero cómo puede alguien envidiar al autor
de un libro sobre la muerte de su hija?
Publicar "Te lo
contaré en un viaje" cambió mi vida. Cuando terminé
el manuscrito, tenía la impresión de haber relatado una
parte de nuestra historia. Pero, la verdad, creía
que no interesaría a nadie. Me escuchaba a mí mismo como
comprador: "¡Un drama! para tragedias ya tengo las mías".
Sin embargo, el
libro ha variado por completo mis esquemas. La respuesta
de los lectores ha sido de tal intensidad que dio un
vuelco a mi propia percepción de la obra. Comprendí,
asombrado, que la gente entendía perfectamente algo que a
mí se me había escapado: no es mi libro. Es el libro de
Alba.
¿Cómo puedo explicar
que fuera ella quien escogiera el título perfecto,
definitivo, para el libro que yo escribiría un año después
y que yo, sin embargo, no me diera cuenta en aquel
momento? Porque me pareció un título demasiado etéreo.
Y de hecho, sólo comprendí la evidencia cuando llevaba
escrita la mitad de la obra. "¡Es el título!",
me dije casi con sobresalto. Sin embargo, ella lo sabía
desde el principio.
Cuando se publicó el
libro, empecé a recibir muchos correos electrónicos. Fue
como si cada vez dejase un poco más de ser el autor para
convertirme en un lector. Privilegiado, pero lector al
fin.
Descubrí varias cosas.
En primer lugar, existen muchos casos parecidos. Personas
que ante una enfermedad irreversible optan por dar a los
demás, por aligerarlos del enorme peso que cae sobre
ellos. Entregan amor y alegría incluso siendo ellos los
enfermos. Incluso a las puertas de la muerte. He conocido
historias tan parecidas a la de Alba... Y también entre
gente joven.
Quizás por ello, es
Alba quien llena el libro con su presencia. Más que una
crítica elogiosa, muchísimo más que un premio de la Crítica,
la culminación consistió en varias cartas de amor
dirigidas a ella. "Alba, no podré seguir viviendo
sin acordarme de ti".
Su afecto, sus ganas de
vivir, se habían transmitido a gente que no la conoció
personalmente. Hasta el punto de dar la vuelta a lo
ocurrido, como uno de esos giros que hacen los aviones a
reacción. Y devolver la vida a la vida, el cariño al
cariño. Sin que importe tanto la presencia física. Como
si esta segunda dimensión de la vida fuera ahora tan real
como la primera.
Quizás, el ejemplo de
Alba y el de tanta gente parecida consista en demostrar
que la enfermedad puede convertirse en un factor
acelerador de conciencia, de completitud. La gran
injusticia de nuestra cultura actual es considerarla un
fracaso, un añadido "terminal". Pero no es
cierto. A través de ella puede llegarse hasta el mismo
extremo de la vida, dando todo de sí mismo. Y recibiéndolo.
Este creo que es el
sentido de esa envidia existencial. Algunos lectores han
experimentado a través de la lectura una parte del gran
viaje de Alba. Han intuido que a pesar del padecimiento y
la angustia, la gran meta de llegar al final siendo uno
mismo supone algo muy grande. Definitivo. Lo
mismo que el amor extremo, que surge siempre en las
circunstancias más difíciles.
También me equivoqué
creyendo que nuestro relato sería leído como un drama.
Ese ánimo luchador y alegre de Alba parece contagioso.
"He llorado mucho, pero al acabar me he sentido llena
de fuerza", me escriben. Mucha gente me da las
gracias. No sé qué decirles. Es cosa de Alba. Sólo he
intentado contar su historia.
En cierto modo, ha
logrado escribir "su" libro. Se ha convertido en
protagonista, en un personaje positivo. Es como si me
sonriera satisfecha. Me emociona y hace que me sienta
orgulloso de ella.
A veces parece como si
el destino escribiera sus mensajes empezando por la última
página.
Carlos Garrido
*
*
*
ELPAIS.ES. Sábado 23 de marzo de 2002
cultura
Retrato
de un amigo
Juan Cruz
Hay libros que te llegan en la oscuridad y te llevan a
la luz. Y a veces no son libros; son trozos de papel,
poemas, un capítulo prescindible de la historia del arte,
una frase perdida, como una palabra dentro de una botella,
los que refulgen en medio del ruido en que se convierte la
vida. Ahora han llegado a la estantería algunos de estos
fogonazos. Decía Fernando Savater que los libros te
esperan, que hay un tiempo para ellos y no todos los
tiempos valen para todos los libros. Leer no es sólo una
voluntad, es también un azar; en medio de la coincidencia
se producen muchas veces los descubrimientos verdaderos.
Uno de esos fogonazos que hay ahora a mano es un
documento conmovedor de un escritor barcelonés, Carlos
Garrido, que cuenta en Te lo contaré en un viaje
(Aires y Mares, colección de la editorial Crítica) la
historia de la enfermedad y la muerte, en plena juventud,
de su hija Alba. Garrido es un excelente escritor que se
ha pasado años mirando; silencioso y escéptico, ha sido
músico, ha guiado viajes literarios -sobre todo por
Baleares, donde vivió mucho tiempo- y forma parte de una
generación, la de los que ya tienen 50 años, que vive
con perplejidad la súbita irrupción del desencanto que
adivinó Gil de Biedma en aquel verso infinito: que la
vida iba en serio. Y él se dio cuenta de que ese verso
era también su autobiografía cuando la implacable pulsión
de los médicos diagnosticó el imposible futuro de su
hija Alba; antes y después de esa noticia, que sólo
puede relatar quien de veras la sufrió -y él así lo
cuenta-, sobre Carlos Garrido -y sobre su hija y sobre la
familia- cayeron en cascada premoniciones y agüeros, la
vida se hizo más seria y también más profunda, y la
respuesta de Alba asombró por su fuerza en un tiempo
terrible en el que ella alimentaba la única esperanza. Es
un libro estremecedor, que irrumpe como un puñetazo de
congoja y hace volver la vista a los valores verdaderos de
los hombres, aquellos que uno deja atrás creyendo que la
vida está en otra parte o aun mucho más adelante. Y la
vida va en serio.
Y la otra luz que surge entre los libros que han
aparecido estos días es un hermoso texto, cinco folios
acaso, en los que Natalia Ginzburg -la exiliada en su
tierra, Italia- hace El retrato de un amigo y que
figura en una obra recopilatoria (Las pequeñas
virtudes, traducción de Celia Filipetto, en El
Acantilado). La lejana y sobria figura de Cesare Pavese
refulge en ese breve retrato de un hombre que desde el
silencio inteligente domina en los demás la exigencia
autocrítica a la que obliga la amistad. 'En su compañía
nos volvíamos mucho más inteligentes, nos sentíamos
inclinados a poner en nuestras palabras lo mejor y lo más
serio que llevábamos dentro, descartábamos los lugares
comunes, los pensamientos imprecisos, las incoherencias'.
Todos hemos tenido o hemos ansiado amigos así,
maestros con cuya presencia a veces lejana hemos contado
para saber más de la distancia que media entre lo que
sabemos y lo que se debe saber. La amistad es mucho más
que un sentimiento, es una actitud y es también una
esperanza; es acaso lo más hondo que queda al final del
ruido, y es el silencio en el que se construye -así viene
a decir Natalia Ginzburg- el que queda luego cuando el
amigo -en este caso, el poeta que describe- ya abandona
definitivamente la vida. No es un texto desolador, no lo
es; se lee con la certeza de saber que hay mucha gente
como Pavese, y como Ginzburg. Y como Carlos Garrido.
Diario de Mallorca. 5 de abril 2002
Un
libro para sentir
José
Luis de Juan
Hay
muy pocas personas que hayan sabido extraer del
sufrimiento por la pérdida de un ser querido sentimientos
y emociones positivas para el porvenir. Carlos Garrido es
una de esas personas. En su libro Te lo contaré en un
viaje, relata su descenso a los infiernos, un descenso que
paradójicamente no culmina en tinieblas sino en la
luminosidad de la ausencia convertida en amor. En el
verano de 1997, la vida del escritor y periodista nacido
en Barcelona en 1950 sufre un vuelco terrible cuando a su
hija Alba, de veinte años, se le diagnostica un tumor
maligno en el cerebro. Ya no le será posible regresar a
lo que era y pensaba antes de asumir el enorme obstáculo
fibroso que el destino alzaba frente a él. Al contrario,
su papel de padre revestirá desde entonces una
significación especial. Luchará a brazo partido para que
la vida de Alba no se resuma en el abismo de una
enfermedad asesina. Para que ella mantenga la voluntad de
vivir, para que no pierda la esperanza, para que se
enfrente a su vida breve con la plenitud y el saber de una
mujer madura que todo lo ha conocido, incluso lo que jamás
podrá llevar a cabo en el tiempo y en el espacio de eso
que llamamos realidad.
Carlos
Garrido nos cuenta el viaje de un padre y una hija que,
por un lado, encierra todos los viajes que hayamos podido
hacer con nuestros hijos y en los cuales íbamos a revelar
algo sobre nosotros y ellos que al final, sin saber muy
bien por qué, no llegamos a decir; y por otro, resulta a
la vez un viaje fabuloso, mítico. La hija es la
protagonista, y el padre el narrador que la acompaña
hasta el momento en que deben separarse. Podemos imaginar
el enorme esfuerzo que ha supuesto para su autor escribir
este libro. Pero sólo los libros escritos con sangre,
sudor y lágrimas merecen la pena. Sólo esos libros calan
hondo en el lector, sólo ellos le hacen crecer
emocionalmente. Te lo contaré en un viaje es un
testimonio desgarrador en el que cabe la "canica
saltarina de la risa", la admiración, el entusiasmo,
la sorpresa, la música, el rostro entrañable de aquel
Piolindo de los dibujos animados. Es un libro que no dobla
la cerviz ante la muerte, más bien la contempla como se
observa a media altura el vuelo inaudible de una mariposa
una rutilante mañana de primavera.
Pero
para llegar a ese punto el padre y la hija cambiaron
mucho, transformando su relación en increíblemente
estrecha y única. Hasta el extremo que el libro que
hubiera querido escribir su hija lo acabó escribiendo él
para hablarnos de aquellos momentos inasibles, de
comunicaciones mágicas, de sueños con niñas y
mariposas, de presentimientos que aciertan más que la razón.
Y sobre todo, de la potencia balsámica del amor. Ni las
operaciones, ni los médicos, ni los curanderos, ni los
monjes budistas ni los desesperados gestos de superstición
pudieron evitar que Alba abandonase nuestro mundo. Ahora
bien, ¡qué vestigios extraordinarios de ella nos ofrece
este libro! Vestigios de fortaleza, sencillez y armonía,
pues así son los rasgos del estilo gracias al cual su
padre ha podido recrear una lucha en la frontera entre el
amor y la muerte. Cuando Garrido nos dice que el amor que
no se exterioriza se pierde en el vacío, está poniendo
el dedo en la llaga de las relaciones entre los padres y
los hijos. Por eso se detiene en detalles en apariencia
insignificantes, como las miradas, los olores, los roces,
el aire, el color de los sueños que se comparten.
El
sufrimiento provocado por esa enfermedad, el cáncer,
suele trastocar la relación con los demás. A Alba le
enseñó “a salir de sí misma”, y lo mismo hizo con
el autor de este libro que a todos nos concierne. Ya era
hora de que alguien rompiese el hermetismo que rodea la
muerte de un hijo con un testimonio cuya vocación es
universal en lugar de privada. Quebrando la cáscara
amarga del dolor con una piedra de apego a la existencia,
Carlos Garrido nos ha hecho un pequeño gran regalo. Te lo
contaré en un viaje nos transporta a un mundo donde la
ternura y la comprensión, la piedad activa, derriba las
ilusorias murallas de la soledad que nosotros mismos
tejemos para protegernos ¿de qué? Ahora, el viaje
consiste en leer este libro y luego contarnos a nosotros
mismos la intensidad que nos ha hecho sentir.
| LA VANGUARDIA.
11/04/2002
LA CONTRA
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|
CARLOS GARRIDO, ESCRITOR, EXPLICA
EN UN LIBRO LA MUERTE DE SU HIJA
"El
amor sin expresar no sirve para nada"
IMA SANCHÍS
-Desde el verano de 1997 hasta marzo de 1999 viví la
enfermedad y muerte de mi hija Alba. Y no sólo fue una
terrible experiencia, sino también un revulsivo a mi
forma de entender la vida.
-¿En qué ha cambiado?
-En medio de los acontecimientos veía surgir preguntas y
evidencias inesperadas y también una especie de poesía
profunda que aunaba de forma incomprensible el dolor y la
plenitud de la existencia. Tomé conciencia de cuestiones
tan importantes que me parecía increíble no haberlas
conocido antes.
-A Alba le diagnosticaron un tumor cerebral a los 21 años.
-Sí, Alba era como cualquier chica de su edad. Era vital
y estaba en la flor de la vida. La enfermedad la llevó
hasta la muerte, pero nosotros ganamos.
-¿Qué quiere decir?
-Que llegó hasta el final siendo ella misma. Sus ganas de
vivir no se volvieron en su contra, con ellas atravesó el
túnel. He aprendido muchísimas cosas de Alba, su
inteligencia emocional estaba mucho más desarrollada que
la mía y algunos de sus comportamientos los entendí
tiempo después.
-¿Por ejemplo?
-Cuando empezó a estar enferma se emperró en comprar un
perro. Alba y yo vivíamos solos en un apartamento y me
parecía que la situación ya era bastante complicada como
para sumarle un cachorro. Pero le prometí que después de
la operación se lo compraría. Entonces Alba, instalada
en la clínica, y rodeada de revistas de animales, le
contaba a todos (médicos, enfermeras...) cómo sería su
perro.
-¿Hablar de su futuro perro le ayudaba a crear vínculos
emocionales?
-Sí, era increíble: las relaciones con los otros se hacían
más fáciles. Cuando se quedó calva por la radioterapia,
se pasaba horas peinando su peluca y de nuevo yo no podía
entender cómo en una situación tan grave podía estar
tan pendiente de su aspecto.
-¿Acabó entendiéndolo?
-Necesitaba sentirse atractiva, nunca se quejaba delante
de sus amigas y lo justo delante de los médicos. Supo
canalizar toda su energía positiva y crear vínculos con
los que la rodeaban. En ningún momento dejó de
preocuparse por los demás. Llegó hasta el final siendo
ella misma.
-¿Por eso dice que han ganado?
-Sí, me siento muy orgulloso de ella, tengo la sensación
de que hemos sacado la matrícula de honor en la
asignatura de la vida. Alba ha dejado una especie de
comunidad emocional (médicos, enfermeras, pacientes...)
que de vez en cuando nos vemos y la recordamos con una
sonrisa. Pienso que nuestra forma de calcular la vida está
equivocada.
-¿A qué se refiere?
-Que no deberíamos tener en cuenta la cantidad de vida,
sino la calidad de vida. No forzosamente una vida que
acaba con 22 años es una vida malograda. Hay personas de
90 años que jamás han dado nada y que lo único que han
hecho es daño a los otros, ésa sí es una vida
desperdiciada. En cambio Alba en su corta vida dejó una
estela enorme y no dejó tras de sí un dolor trágico,
sino una atmósfera de paz, de calma y de cariño.
-¿Habló de la muerte con ella?
-Un día hablamos del destino. Alba encendió un
cigarrillo y me preguntó: ¿por qué me pasa esto?
"Tal vez tu destino sea ser el punto de referencia de
los que te rodean, aunque puedes escoger serlo o no
serlo." No hablamos más del tema, pero escogió
seguir ese destino y a mí me tocó acompañarla hasta su
estrella, y eso es lo más importante que he hecho en mi
vida.
-¿Y qué ha descubierto en ese camino?
-Que realmente no nos conocemos. Cuando Alba ya no podía
levantarse de la cama había momentos en los que hacíamos
broma y reíamos de verdad... ¡Éramos muy felices! Y
luego pensaba: ¿cómo es posible en estas
circunstancias...? Pues es posible porque tienes otra
percepción de las cosas. Cuando abres de verdad tus
sentidos, cuando cambias el miedo por entrega, todo se
transforma. He aprendido una gran lección: la importancia
de manifestar el amor. El amor sin expresar no sirve para
nada.
-¿Se abren mundos nuevos?
-Por primera vez pude rozar una imprecisa realidad del
alma, un complejo de emociones, sueños, presentimientos.
Hoy sé que es posible caminar con la vida en contra,
asumir las condiciones más duras y no perder el sentido
de uno mismo. Entonces, la vida y la muerte se convierten
en otra cosa. Parece como si no fuera lo más importante.
-Cuénteme uno de esos sueños.
-Le contaré uno de Alba: "He soñado que todo estaba
lleno de mariposas. Eran tan bonitas... De todos los
colores y volaban. Hacían que me sintiera muy bien. Luego
venía una niña. Una niña morena. Era muy guapa, y no
decía nada, sólo me miraba. Venía con las mariposas y
me esperaba".
-¿Qué sintió usted?
-Una bocanada extraña de alegría, porque aunque sabía
que era un sueño de muerte, en algún sitio una niña
rodeada de mariposas la esperaba. Supe por casualidad que
la palabra griega "psyché" (alma) significa
también mariposa y que solían imaginar el alma como una
mariposa que escapa del cuerpo después de la muerte. Yo
le compré a Alba un móvil de mariposas y lo colgué
sobre su cama.
-¿Intentó prepararla para la muerte?
-Sí, visité diversos gurús y grupos de duelo que me
dieron una clave importante: "No la retenga, deje que
se vaya". Intenté acompañarla y rodearla de cosas
hermosas. Alba siempre tendrá 22 años.
Foro
de la Vanguardia
¿Ha vivido una experiencia similar a la de Carlos
Garrido? ¿Qué ha aprendido?
María. Madrid.
Me ha encantado. Pienso que todos deberíamos
reflexionar sobre la manera que estamos llevando nuestra
vida, porque muchas veces nos dejamos llevar por ella, sin
implicarnos demasiado, nos dejamos llevar, pero no nos
mojamos, no decimos lo que sentimos a las personas por
miedo.
¿Miedo,
miedo a qué? No tenemos que tener miedo a nada y debemos
expresar nuestros sentimientos a las personas que
queremos, y se lo tenemos que decir hoy, porque mañana
puede ser tarde.
25/04/2002 a las 13.40 horas
Rafael. Manresa
A mi también se me murió una hija con 15 años.
Casualidades de la vida: se llamaba Alba, y también murió
de cáncer. También se escribió un libro sobre ella. El
libro lleva su nombre "Alba", lo escribió un
amigo nuestro, Enric Larreula. Otro amigo, pintor, le
dedicó un cuadro en que se ve una mariposa. Me he sentido
del todo identificado con lo que dice Carlos. Buscaré su
libro, seguro que me ayudará su lectura.
El
vacío que deja la muerte de un hijo cuando aun está
construyendo su vida es algo que no se puede explicar con
palabras. Las palabras en estas situaciones son como analgésicos
que te ayudan a sobrellevar el dolor.
18/04/2002 a las 17.03 horas
Heraclio. Barcelona
Una de las entrevistas de mayor sensibilidad que he leído.
Cuando tienes el alma hecha pedazos porque una hija en la
flor de la vida se te va, de esas cenizas surge algo
nuevo, algo que quizás cuesta describir y experimentar a
los que no hemos sufrido una experiencia similar. Surge
una alma más fuerte y lúcida, que ve la vida y la muerte
de otra forma, que sabe mirarlas de frente de una forma
que el resto de mortales no sabemos. El ejemplo de su
hija, que murió siendo ella misma, vital hasta el último
momento, es precioso.
11/04/2002 a las 19.05 horas
Habanera. Barcelona
Completamente de acuerdo, hay que expresar lo que se
siente a los seres queridos, aunque las palabras
reconfortan y dan vida, creo que los actos mas, pero no se
puede vivir una vida sin decirles 1000 veces, aquí estoy
y te quiero.
11/04/2002 a las 16.23 horas

Presentación
de "Te lo contaré en un viaje" en el Centro
Pelaires de Palma (19 de abril del 2002)
Algunos mensajes
recibidos
Hola
Carlos
Gracias
a Alba y a ti por regalarnos este viaje de luz y
esperanza.
Besos.
Nerea
* *
*
Estimado
Carlos:
Me llamo Salvador. Soy un lector apasionado y un escritor
vocacional (hasta la fecha, he publicado 12 libros -tres
novelas, ocho
de psicopedagogía divulgativa y un volumen de relatos-.
Me dirijo a ti
para expresarte mi admiración y agradecimiento. Ha sido
un privilegio
gozar de la terrible y, a la vez, maravillosa experiencia
vivida junto
a tu hija. Has leído bien, Carlos. He escrito 'gozar'. No
se trata de
un error. He sentido un placer sublime leyendo el emotivo
libro. El
placer del lector que lee un texto que lo revitaliza por
dentro, que
ensancha su horizonte mental y espiritual. Hablaré de
Alba a amigos y
familiares, Carlos. Te lo prometo. Si morir es perderse en
el olvido,
tu hija no morirá para este humilde lector. Alba siempre
tendrá 22
años. Gracias por regalarme tu iluminadora experiencia.
Hasta siempre.
Un abrazo. De todo corazón.
* * *
Apreciado
Sr. Garrido:
Leer su libro sobre Alba ha sido recorrer las páginas
como si se
deshojaran los pétalos de una gran flor. Una profunda
tristeza me ha
obligado a ser lento en mi lectura, aplazándola incluso
de un día al
siguiente para madurarla, para frenar de algún modo el
tiempo que se
escapa, sintiendo un nudo en la garganta al coger de nuevo
el libro,
intentando retrasar un desenlace tan evidente como no
deseado.
Finalmente, tras la caída del último pétalo descubres
que la flor
esconde una mariposa que emprende el vuelo, libre de su
flor, en busca
de nuevos jardines. Y comprendes que todo, hasta el final,
puede ser
bello.
Busqué el libro desde que fue comentado en prensa. Por
fin apareció: “Lo
acabo de leer. Es un libro que te cambia la vida”, me
dijo la librera.
Tiene razón; Alba nos acompañará desde ahora con sus 22
años. En cada
lector encontrará un nuevo jardín donde dejar su rastro.
Hasta siempre.
Luis
* *
*
Hola Carlos: sólo decirte que este fin de semana lo he
dedicado a Alba y a ti, me habéis enamorado. Te felicito
por este maravilloso libro, fruto del amor. De verdad que
seguro que Alba está muy orgullosa. He llorado con el
libro, me emocionaba ver a Alba luchar por su vida y
siempre aguantar la compostura. Es cierto lo que dices, no
importa los años que vivas si los vives con la fuerza con
que lo hizo Alba.
Isa
*
*
*
¡Simplemente
gracias! ¡Tengo dos hijas y gracias a Alba y a ti las
quiero todavía más!
Jorge
*
*
*
Por
mi profesión he tenido contacto con la muerte física y
con la muerte psíquica infinidad de veces. No entiendo el
proceso de la muerte, mejor dicho no lo entendía, ya que
después de leerte y sin saber muy bien por qué el
misterio de la muerte se ha transformado para mí en
"sensación de vida". ¡Tu hija Alba! Con una
vida tan llena como ha tenido, enseñando a todos los que
la rodeaban incluso a su propio padre el valor y la decisión
por la vida, ha sido capaz de transmitir incluso a mí que
no tuve la suerte de conocerla el sentido de la vida. Tú
con tu libro, como vehículo de su filosofía, has sido
capaz de abrir las puertas de la esperanza a miles de
personas que en una situación parecida no encuentran
salida a su desesperación. Te felicito por tu capacidad
de transmitir tantas cosas bellas.
A.
Dibujos
Coincidiendo
con la presentación de "Te lo contaré en un
viaje" en Madrid, los alumnos de 2º A del Instituto
Príncipe Felipe utilizaron un fragmento del relato del
sueño de las mariposas de Alba como tema para un examen
de Dibujo. El resultado fue sorprendente, por cuanto todos
los dibujos habían captado perfectamente el sentido de la
narración, incluso sin conocer el tema del libro. Estas
son algunas muestras.
Nuria Sánchez
Clara Varela
J.M. Marfil